Cuentos del lejano Oeste
de
Luciano G. Egido. Editorial Tusquets

Magnífico
recibimiento el que ha otorgado la crítica a este volumen de relatos, y
no es para menos, pues Luciano G. Egido ha pertrechado un libro intenso
y a la vez exhaustivo, respetuoso con la esencia del cuento, pues en
estos Cuentos del lejano Oeste se encuentran todas las claves del género
breve, pero al mismo tiempo innovador. Un libro donde podemos encontrar
por ejemplo diálogos con obras anteriores de la literatura,
reinterpretaciones de mitos, interpelaciones a autores, nuevas lecturas,
juegos verbales, ambivalencia de significados, reconstrucción de tramas
y el ahondamiento y a veces el desbordamiento de los mecanismos de la
ficción. Un ejemplo, página 37:
Desnudo
“Lo más profundo del ser humano es la piel”
Paul Valery
Le
dije: "Desnúdate", y ella me dijo: "¿Tan pronto?".
Y yo le dije: "Entiéndeme, lo que quiero decirte es que me
hables de ti". Y ella
me dijo: "Entonces, mejor será que me desnude".
La
organización del volumen, comenzando por los relatos más breves para
terminar en los más extensos (algo que ya realizó aunque a la inversa
Clara Obligado en la antología de relatos "Por favor sea
breve", a instancias de Hipólito G. Navarro) supone toda una
declaración de intenciones de Egido, quien parece estar diciéndonos
que menos es más.
Las
armas de Egido son las del buen relatista, tanto de microrrelatos como
de cuentos, y se advierte en el libro un trabajo intenso y riguroso de
lucha contra las formas y el lenguaje cumpliendo el primer deber del
buen relatista de no respetar ninguno de los cánones que luego aplica.
Quien guste del género breve comprenderá la contradicción.
Su
repaso a la historia de la literatura en los epígrafes que jalonan el
libro es impecable, y supone un trabajo que casi formaría un canon
literario en si mismo, caso de que el lector se decidiese a leerlos en
forma separada. Aunque lo
que también puede intentarse es una lectura la inversa, comenzando por
el relato y siguiendo con el epígrafe, pues se alcanzan de ese modo
nuevos significados que estaban ocultos.
La
frontera, la tierra que se impone a los hombres, el tiempo en el que
todos flotamos sin sensación de ello es uno de los temas más presentes
en el texto, pero también aparecen la pasión, la muerte y el
desencanto. En los cuentos
más largos se nota el gusto por las descripciones brillantes, por los
finales sorpresivos, por las historias sucintamente evocadas.
La paradoja se convierte en la pluma de Egido en un arma peligrosísima,
y es que Rulfo, Pessoa, Faulkner, Kafka y tantos otros grandes fantasmas
transitan de cuerpo presente por este lejano Oeste de la literatura de
Egido.
Egido
ha sido un escritor tardío que parece haber madurado entre la cátedra
universitaria y el periodismo una voz particular y profunda. Responsable
de novelas y ensayos, es un raro ejemplar de autor que no ha corrido
detrás de los méritos literarios, sino que ha aguardado pacientemente
hasta saber lo que quería decir. Este libro de relatos viene a
demostrar que de Egido podemos aguardar lo mejor.
Escritura
y Verdad Cuentos completos de Medardo
Fraile, por
Ángel Zapata Editorial Páginas de Espuma, 2004

Medardo
Fraile formó parte de la Generación de los cincuenta siendo amigo de
Rafael Sánchez Ferlosio, Carmen Martín Gaite, Ignacio Aldecoa, Lauro
Olmo, Josefina Rodríguez etc. Como algunos de ellos sintió especial
predilección por los géneros breves, no obstante haber escrito también
alguna novela, como muchos se preocupó especialmente por la vida de las
calles y la situación social del país, y como la mayoría evolucionó
en una trayectoria personal marcada por su devenir profesional, sobre
todo su marcha a las universidades inglesas para ejercer de lector.
La
obra de Medardo Fraile, que cumple precisamente este año el medio siglo
de su inicio,
es la de un gran cuentista, uno de los pocos autores que no se
dejó llevar por la presión de las editoriales y la crítica de la España
de la segunda mitad del siglo veinte, que exigían novelistas de largo
recorrido para reconocerles su valía, y prefirió ahondar en una visión
personal del relato. Sus historias tienen mucho de biográfico, de esa
memoria que guarda anécdotas durante décadas para resurgir en forma de
cuento repleto de sabiduría, y están llenas de escenarios populares de
Madrid o Andalucía. Es esa confusión, o confluencia si se prefiere
otra palabra, entre literatura y vida que tan buenos frutos produce a
veces.
Fraile
comprendió perfectamente las posibilidades que el género breve ofrece
para ahondar en el ser del hombre, y esa capacidad de las historias
cortas para comunicar al lector realidades mediante la sugerencia, por
oposición a la narración de lo evidente. Su trabajo, alabado de forma
unánime por sus coetáneos, está siendo revisado como precursor de una
literatura que se anticipó a lo que por entonces se hacía en nuestro
país, y debe ser divulgado para conocimiento de los nuevos escritores
de relatos.
En
estos Cuentos completos editados por Ángel Zapata abunda la recreación
de lo cotidiano y lo popular, el uso del humor como factor que solventa
las situaciones argumentales, un lenguaje llano y eficaz cuyos registros
andan siempre más cerca del personaje o del lector que del propio
narrador, y sobre todo un profundo sentido de la mesura, de la moderación,
que logran que se lean con esa impresión de autenticidad, de verdad,
que aparece en el título del volumen.
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