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Relato del mes
LA CANCION DEL VERANO
Maria
Carmona.
Como cada mañana a las 7.30 sonó el despertador, “bulería, bulería””
y sin darle la mente para mucho, pensó ¿no es verano no?
Se tiró
de la cama haciendo agenda mental….rápido a la ducha, por que si no
el mal humor se apoderaría de ella y no la abandonaría
en todo
el día. Entre vapores se miro al espejo, y recordó lo que leyó la
noche anterior en una revista de esas que hacen para mujeres.
CÓMO
SUPERAR LOS 35
Borra
las patas de gallo
Arriba
el pecho
Haz
un curso antiestrés
No te
cortes la melena
Recupera
tus volúmenes
Celulitis
a raya
Enseña
las piernas
Reduce
el abdomen
Cuida
tu sonrisa
Estrena
glúteos
Y así hasta 30 consejitos. Al final pensó, que se quedaba con el curso
antiestrés para controlar la angustia que le causaría si
dedicaba
parte de
sus días hacer todo eso.
¿La belleza no estaba en el interior?. Aunque cuando lo comentaba con
sus amigas siempre decían entre risas que en el interior de la
ropa
interior.
Vale, optaba por lo básico: crema rápida, dientes rápido, café rápido.
Eso de no cumplir los treinta consejos lo pagaría muy caro,
llegaría
el día que aparentaría la edad que tenia, y eso seria un horror.
Cerró la puerta sin mirar atrás, y así no pensaría en problemas domésticos.
Lo de la comida lo pensaría en el atasco, se subió rápido al
coche…puso
la radio. A ver qué pasa en el mundo bulería, bulería” ¿no era
verano no?
Llegaba cinco minutos tarde, el tráfico estaba fatal, además su jefe
siempre llegaba mucho después que ella, y eso que no tenía que
cumplir
los treinta mandamientos…pero la puerta estaba abierta, hoy se había
adelantado, y le vino a la cabeza la dichosa cancioncita.
ACORDE DISONANTE
Visitación
López de la Torre
Quiero encontrar una razón
que dé sentido al borroso sentimiento que no encuentro por más que
busco en aquel diario que escribí, y a veces completabas con palabras
que reflejaban amor y deseo de mí.
Han
pasado muchos años desde
entonces, más de veinte, ¿recuerdas? Como si fuera ayer lo recuerdo yo.
Cómo no hacerlo si con una mirada de tus pequeños ojos de negro
intenso clavaste una bondadosa puya de amor en esa tarde de invierno en
que fuimos a recoger la evaluación.
Eras
un especialista en emisión de sentimientos intensos que dejabas
descubrir por no descubrirte tu. ¡Que tontería!, pero así eras, hoy
ya no se; enigmático, indeciso, atractivo y con ese tono irónico
que daba pie a que interpretara aquello que toda mujer quiere escuchar, oír
en voz baja y al oído, pero que por no se que jodida tontería se
conforma con imaginar el aliento sobre su sien como hecho consumado con
una sola mirada de ansiosa insinuación.
No
quiero culparte de nada, solo encontrar una simple razón que compense
toda una vida de intensa dependencia de ti, y ahora me doy cuenta;
el caso es que no eran mis preferidos los cuentos Disney, ¡que
va! Los míos eran los del Capitán Trueno, ya ves que cosas… Ahora que
lo pienso quizá en el trasfondo tengan algo en común.
Y
mantuvimos una relación de adivinanzas, ambigüedades,
sentimientos traspirados sobre las envidiadas teclas de aquel
piano al que tuvimos que hacerle sitio en el salón.
Bonito
medio cola al que tu tanto mimabas, de sonido sincero y al que yo por
entonces escuchaba ansiosa de ti y celosa de él. Menos mal que no se lo
conté nunca a nadie porque siempre es mejor no hacer ostentación de la
locura.
Entre
fusa y semifusa, silencios y sonidos armónicos se alimentaba aquel amor,¡
Dios como sonaban Bach,
Mozart, Bocherini! Que momentos tan mágicos supieron hacer que conociera
tu alma.
Y
pasaba el tiempo. Y vinieron los niños, y crecieron, todos crecíamos menos tú, al son de sublimes notas que sonaban perfectas y
lejanas poco a poco, aisladas también por no se que proceso. Te lo
perdiste, como tantas y tantas cosas trascendentes para mí y llevaderas
para ti.
Busco
una razón para entenderte y me cuesta abstraerme. No existe, para el
amor no existe la razón, y sin embargo sí para un conglomerado de
ausencias, de soledades que en un momento sutil, sin darnos cuenta nos
convirtieron en dos extraños: mientras tú subías yo avanzaba, en tanto
tú triunfabas yo tan solo te quería, cuando me buscaste yo ya no
estaba.
Y decidí irme de tu vida, donde ya no había sitio para mí,
elegiste otra opción, y lo que no sabes es que tampoco hubiera querido
ser yo, ni siquiera preguntaste; con lo romántica que soy lo hubiera
entendido, seguro. Sencilla, mundana,
no me gusta adorar a dioses de pies de barro, en general adoro
poco, y para ti lo del
feedback no creo que hubiera
servido como planteamiento para recuperar ese amor que sentía ya tan
lejano. Ni siquiera el Coral nº 40 de Bach hubiera podido hacerlo ya
sentir.
Leo
el periódico y veo el
anuncio de tu concierto de temporada, y sigo buscando las novedades
culturales y los estrenos de cine. Quizá esta tarde llueva y me
apetezca ir con los niños, con esto del régimen para mí lo de comer
palomitas es toda una fiesta.
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