Vicerrectorado de Estudiantes de la Universidad de Granada
Universidad de Granada
Placeta de Porras, s/n Tel. 958224425 Granada
Taller de relato breve Casa de Porras

Taller  de relatos

 

 Miguel A.Cáliz

    Relato del mes    

LA CANCION DEL VERANO

Maria Carmona. 

     

    Como cada mañana a las 7.30 sonó el despertador, “bulería, bulería”” y sin darle la mente para mucho, pensó ¿no es verano no?

Se tiró de la cama haciendo agenda mental….rápido a la ducha, por que si no el mal humor se apoderaría de ella y no la abandonaría 

en todo el día. Entre vapores se miro al espejo, y recordó lo que leyó la noche anterior en una revista de esas que hacen para mujeres. 

CÓMO SUPERAR LOS 35 

Borra las patas de gallo

Arriba el pecho

Haz un curso antiestrés

No te cortes la melena

Recupera tus volúmenes

Celulitis a raya

Enseña las piernas

Reduce el abdomen

Cuida tu sonrisa

Estrena glúteos 

    

     Y así hasta 30 consejitos. Al final pensó, que se quedaba con el curso antiestrés para controlar la angustia que le causaría si dedicaba 

parte de sus días hacer todo eso.

     ¿La belleza no estaba en el interior?. Aunque cuando lo comentaba con sus amigas siempre decían entre risas que en el interior de la 

ropa interior.

      Vale, optaba por lo básico: crema rápida, dientes rápido, café rápido. Eso de no cumplir los treinta consejos lo pagaría muy caro,  

llegaría el día que aparentaría la edad que tenia, y eso seria un horror.

      Cerró la puerta sin mirar atrás, y así no pensaría en problemas domésticos. Lo de la comida lo pensaría en el atasco, se subió rápido al

 coche…puso la radio. A ver qué pasa en el mundo bulería, bulería” ¿no era verano no? 

     Llegaba cinco minutos tarde, el tráfico estaba fatal, además su jefe siempre llegaba mucho después que ella, y eso que no tenía que 

cumplir los treinta mandamientos…pero la puerta estaba abierta, hoy se había adelantado, y le vino a la cabeza la dichosa cancioncita.

 

 

ACORDE DISONANTE

Visitación López de la Torre

 

  Quiero encontrar una razón que dé sentido al borroso sentimiento que no encuentro por más que busco en aquel diario que escribí, y a veces completabas con palabras que reflejaban amor y deseo de mí.

       Han pasado  muchos años desde entonces, más de veinte, ¿recuerdas? Como si fuera ayer lo recuerdo yo.  Cómo no hacerlo si con una mirada de tus pequeños ojos de negro intenso clavaste una bondadosa puya de amor en esa tarde de invierno en que fuimos a recoger la evaluación. 

       Eras un especialista en emisión de sentimientos intensos que dejabas descubrir por no descubrirte tu. ¡Que tontería!, pero así eras, hoy  ya no se; enigmático, indeciso, atractivo y con ese tono irónico que daba pie a que interpretara aquello que toda mujer quiere escuchar, oír en voz baja y al oído, pero que por no se que jodida tontería se conforma con imaginar el aliento sobre su sien como hecho consumado con una sola mirada de ansiosa insinuación. 

      No quiero culparte de nada, solo encontrar una simple razón que compense toda una vida de intensa dependencia de ti, y ahora me doy cuenta;  el caso es que no eran mis preferidos los cuentos Disney, ¡que va! Los míos eran los del Capitán Trueno, ya ves que cosas… Ahora que lo pienso quizá en el trasfondo tengan algo en común. 

      Y mantuvimos una relación de adivinanzas, ambigüedades,  sentimientos traspirados sobre las envidiadas teclas de aquel  piano al que tuvimos que hacerle sitio en el salón.  

      Bonito medio cola al que tu tanto mimabas, de sonido sincero y al que yo por entonces escuchaba ansiosa de ti y celosa de él. Menos mal que no se lo conté nunca a nadie porque siempre es mejor no hacer ostentación de la locura. 

      Entre fusa y semifusa, silencios y sonidos armónicos se alimentaba aquel amor,¡ Dios  como sonaban Bach, Mozart, Bocherini! Que momentos tan mágicos supieron hacer que conociera tu alma. 

       Y pasaba el tiempo. Y vinieron los niños, y crecieron, todos crecíamos  menos tú, al son de sublimes notas que sonaban perfectas y lejanas poco a poco, aisladas también por no se que proceso. Te lo perdiste, como tantas y tantas cosas trascendentes para mí y llevaderas para ti.  

      Busco una razón para entenderte y me cuesta abstraerme. No existe, para el amor no existe la razón, y sin embargo sí para un conglomerado de ausencias, de soledades que en un momento sutil, sin darnos cuenta nos convirtieron en dos extraños: mientras tú subías yo avanzaba, en tanto tú triunfabas yo tan solo te quería, cuando me buscaste yo ya no estaba. 

      Y decidí irme de tu vida, donde ya no había sitio para mí, elegiste otra opción, y lo que no sabes es que tampoco hubiera querido ser yo, ni siquiera preguntaste; con lo romántica que soy lo hubiera entendido, seguro. Sencilla, mundana,  no me gusta adorar a dioses de pies de barro, en general adoro poco, y para ti  lo del feedback no creo que   hubiera servido como planteamiento para recuperar ese amor que sentía ya tan lejano. Ni siquiera el Coral nº 40 de Bach hubiera podido hacerlo ya sentir.

      Leo el periódico y  veo el anuncio de tu concierto de temporada, y sigo buscando las novedades culturales y los estrenos de cine. Quizá esta tarde llueva y me apetezca ir con los niños, con esto del régimen para mí lo de comer palomitas es toda una fiesta.